Enero en un piso de Singuerlín, en la falda de la Serra de Marina, con la calefacción encendida y una corriente fría que baja del cajón justo encima de la cama. Buena parte de ese frío no atraviesa el cristal, se cuela por el cajón de la persiana y por los huecos que dejan unas lamas que ya no ajustan.
Una persiana térmica con lama rellena de espuma, el cajón sellado con burlete y unas guías con felpa cierran esos puntos de entrada. El radiador deja de pelear contra la corriente y se duerme mejor.
Con el ruido pasa algo parecido. En las calles con más tráfico, como la Avinguda de Francesc Macià o la Rambla de Sant Sebastià, se nota mucho. Una persiana bajada de lama térmica amortigua el ruido de la calle mucho más que una lama hueca de las antiguas.
En verano el efecto se invierte y es igual de útil. Bajada a media tarde en una fachada de poniente, impide que el sol caliente el cristal y el dormitorio llega a la noche bastante más fresco.
Para que el aislamiento no se pierda con los años, limpie las guías con un cepillo y unas gotas de silicona en spray cada seis meses. Revise también el burlete del cajón cada cinco o seis años.
Si cree que dentro de un tiempo querrá dejar de subirla a mano, coméntelo el día de la medición. Dejamos el eje y el cajón preparados para que la motorización de persianas se haga más adelante sin desmontar nada.
Diez años midiendo y montando ventanas en estos bloques nos han enseñado qué aguanta cada fachada. Si quiere ver el resto de trabajos y los barrios a los que vamos, lo encontrará en la página de Santacopersi en Santa Coloma.