Motorizar persianas sin cambiar la que ya tiene
Piense en un piso de los bloques de los años sesenta de Singuerlín o de Can Franquesa, con cinco o seis ventanas y un balcón de casi dos metros en el salón. Esa persiana grande es la que nadie quiere subir, y acaba pasando el día a media altura aunque haga un sol espléndido.
Para dejar de tirar de la cinta no hace falta cambiar la persiana. El motor es un tubo de cuatro o cinco centímetros de diámetro que se introduce en el eje octogonal donde ya se enrolla el paño de lamas. Por fuera la ventana se ve igual, pero ya no verá cinta ni recogedor junto al marco.
Para montarlo abrimos el registro del cajón, retiramos la cinta, la polea y el recogedor, y encajamos el motor con sus adaptadores y su soporte lateral. La corriente se toma del punto más cercano, normalmente una caja de registro o un enchufe, y el cable va por una canaleta estrecha que admite la misma pintura que la pared. No se pica ni se abren regatas, y el polvo se queda en lo que suelta la tapa del cajón al abrirla.
Antes, la persiana del salón vivía a medio subir porque pelearse con ella cada mañana no compensaba. Después, sube entera con un solo toque y se detiene sola al llegar arriba.
Si su persiana ya lleva motor y ha dejado de obedecer, el caso es distinto, y tiene su sitio en el apartado donde contamos cómo arreglar un motor que no responde. Aquí hablamos de poner motor donde hasta hoy hay una cinta.